Todos los que me conocen un poco saben que no me interesa el fútbol. Y los que me conocen mucho saben que he llegado a odiarlo con pasión.
Pero el tiempo pone las cosas en su sitio, y así descubrí que aquel odio que sentía por el fútbol era un desplazamiento del desprecio que (aún) siento por los futboleros. En particular cierto tipo de futbolero irracional y en ocasiones violento, de palabra o de cuchillo, contra el que acomete la aberración de ser del equipo rival (¿es posible el fútbol sin rivales?); en muchos casos un pobre tipo en cuya vida no pasa absolutamente nada. Un tipo cuyo único triunfo posible es el de "salimos campeones" (aunque él no reciba ninguna medalla).
Por lo tanto, siempre que hay una celebración como la de ayer en Barcelona, tengo la sensación de atestiguar emociones que quizás nunca experimente*.
Sin embargo, no diré que soy tan distinto. Cosas parecidas me pasan a mí con la música: así como hay gente capaz de recitar la formación de su equipo o selección en determinado año, yo puedo hacer lo mismo con las formaciones de King Crimson. Como quien se sabe los equipos campeones de todo el siglo, yo me sé de memoria discografías completas, con año de edición incluido.
Y entonces pienso que para mí quizás sea equivalente a una final de fútbol haber visto a Crimson o a Metallica hace ya años, o Radiohead y Porcupine Tree más recientemente.
En cualquier caso, kudos al tricampeón.



